El amor de la niña del arroyito

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El croar de las ranas resonaba fuerte entre las plantas acuáticas y se elevaba en concierto a medida que el sol se retiraba. Ludmila imaginaba que bajo el agua vivía una criatura angelical con tres cabezas. Todas las tardes se sentaba allí, a pocos metros del arroyito, sobre el pasto, en silencio, envuelta en la música natural que rodeaba todo el jardín. Esperaba en vano. A pesar de sus intentos, su imaginación no era tan poderosa como para hacer emerger al bello ser trino y crear un diálogo. Lo esperaba en el plano de la realidad. Fue entonces cuando derramó la primer lágrima de su vida por un amor no correspondido …

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